
"Génesis de un museo", por Rafael Arozarena
El Organismo Autónomo de Museos y Centros lamenta la pérdida, la noche del pasado día 29, de uno de los faros de la cultura canaria: Rafael Arozarena Doblado.
El autor de "Mararía" y de "Cerveza de grano rojo" ha sido justamente valorado por su faceta literaria pero, quizás, sea menos conocida su vinculación con la Entomología y su estrecha relación con el Museo de Ciencias Naturales de Tenerife.
Hace apenas un año colaboró nuevamente con el museo aportando un texto, incluido en la publicación "Tras el cristal: Una visión de los museos del Cabildo de Tenerife", en el que Arozarena relataba en primera persona esa antigua e íntima vinculación. Carmelo Rivero, brillantemente, en el acto de presentación del libro, el día 1 de diciembre de 2008 en el Museo de la Naturaleza y el Hombre, se refería a su texto con las siguientes palabras:
"Resulta emotivo ver cómo nace un museo, como es el caso del de Ciencias Naturales, imaginando a los primeros excursionistas colectores de bichos y endemismos, como relata en estas páginas Rafael Arozarena, que, antes de que existiera la embrionaria sede de La Granja y ‘a años luz’ del actual emplazamiento en el antiguo Hospital Civil, recorría, con su lupa de entomólogo y varios amigos los caminos de la isla, haciendo museo con las manos. El relato de esos momentos preliminares nos informa de la grandeza de los actos más sencillos: el acto de caminar, ver y coleccionar los más simples hallazgos fruto de la excursión. El genial naturalista fetasiano describe en este libro que uno de aquellos días pidió en la biblioteca una obra de la especialidad y, para su sorpresa, alguien se le había adelantado. La intriga sobre la identidad del personaje que compartía el mismo insólito gusanillo le llevó a esperarlo en la puerta con buenas intenciones. Así se fueron conociendo, uno a uno, quienes compartían una misma secreta afición por los pequeños dinosaurios, como llama Arozarena a los insectos, amigos que adoraban obras irrepetibles, como la Historia Natural de Webb y Berthelot, un trío de biólogos amateurs de mucho cuidado que se citaba en el café Cervantes para ir a buscar mosquitos; de ahí que les llamaran de inmediato "los tres mosquiteros"."
Reproducimos a continuación, como sentido homenaje hacia la figura de Rafael Arozarena, el texto íntegro incluido en la citada publicación.
"Me introduje en el mundo de los pequeños dinosaurios gracias a la amistad que tenía mi padre con el naturalista y prestigioso entomólogo Anatael Cabrera. A él le debo el ofrecimiento de la llave mágica que me abrió las puertas de un mundo tan maravilloso. Una simple lupa y unas palabras de estímulo bastaron. Cuando aprobé el bachillerato mi padre me dijo: "¿qué prefieres, ingresar en los exploradores, una bicicleta o conocer a Anatael Cabrera?". y respondí: "conocer a don Anatael", porque ya era yo muy aficionado a los bichos. A partir de ahí, acudía todas las tardes a su casa en La Laguna, a estudiar entomología con él y cuando iba a la biblioteca, estudiaba en los libros de Historia Natural de Webb y Berthelot. Pero una de las veces, el libro que pedí estaba ocupado, cosa que me extraño. ¿Quién puede tener apetito por leer este tomo?, me pregunté. Y resultó que era José Mª Fernández. Un día lo esperé en la puerta y le pregunté si era aficionado a estudiar los insectos y me contestó que sí. A partir de ahí, entablamos una gran amistad y quedamos para salir de excursión a buscar pequeños dinosaurios. Después se uniría Manuel Morales Martín. Nos reuníamos los domingos en el antiguo café Cervantes (frente al teatro Guimerá), con nuestros atuendos de excursión de entomólogos: tubos, piquetas, frascos, mangas, mochilas,... y un día nos preguntaron a dónde íbamos con esos ropajes tan raros y con tantos cachivaches. "Vamos a buscar mosquitos", respondimos. Esta simple respuesta provocó una curiosa anécdota, ya que al domingo siguiente, cuando llegamos al café Cervantes, oímos una voz al fondo del bar que ordenaba: ¡marchando café para los tres "mosquiteros"!
Poco a poco fuimos creando nuestras colecciones y realizando estudios, pero hubo un momento en que ya no podíamos trabajar en nuestras casas por lo que acudimos al Cabildo a ver si nos concedían un local para colocar las colecciones y fundar un museo. Estaba de presidente Don Juan Ravina y le pareció una idea formidable. En ese momento llamó al alcalde, Joaquín Amigó, quien también acogió con buen talante la idea y propuso dos habitaciones grandes en un viejo caserón en la Granja. Para nosotros fue una extraordinaria noticia, porque vimos la posibilidad de realizar nuestras ilusiones. Pero claro, cuando llegamos, comprobamos que teníamos que poner de nuestra parte algún mobiliario y pusimos manos a la obra. Una vez instalados en nuestra sala, tuvimos mucha relación con entomólogos y geólogos importantes de toda Europa, que acudían a las excursiones para que les indicáramos donde estaban los ejemplares que querían colectar. Así llegamos a tener cierta fama de entomólogos, porque colaboramos en la única revista que había en España GRAELLSIA, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, donde publicamos varios trabajos sobre entomología canaria. José Mª Femández se encargó de estudiar los Coleópteros, Manuel Morales dedicó su atención a los Ortópteros y yo estudié el Orden de los Himenópteros. Posteriormente, pensamos que podíamos añadir al museo el material que había guardado en Villa Benítez, más que nada geológico y de fósiles. Estaba en cajas pudriéndose y cuando lo propusimos al Cabildo vieron los cielos abiertos. Así, montamos, de manera provisional, el museo, al que posteriormente acudieron muchos estudiantes de Biología que también nos acompañaban en nuestras excursiones. Hoy en día algunos de aquellos jóvenes como Amoldo Santos, Luisa Gallo, Antonio Machado, Aurelio Camero, son profesionales de mucho relieve. Años después, nos exigieron hacer oficial el museo y se nombró a Telesforo Bravo, el afamado geólogo, como director. Se formó, por entonces, un grupo de naturalistas muy bueno, donde siempre reinó una gran amistad y el interés por el estudio de la Naturaleza. El siguiente paso fue buscar un local mejor. El Cabildo acogió bien la idea y puso a nuestra disposición el Hospital Civil (actual ubicación), que hoy en día se ha convertido en un museo de primera categoría en España que está muy bien montado, gracias al trabajo y entusiasmo de directores como Telesforo Bravo, Juan José Bacallado y Francisco García-Talavera. Este magnífico museo actual, debe cuidarse, porque costó mucho fundarlo y hay ejemplares y colecciones de muchísimo valor que sirven de referencia sobre la fauna, la flora y la historia de Canarias."
Rafael Arozarena
